Afganistán, avance chino al mediterráneo
Análisis

Afganistán, avance chino al mediterráneo

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El Mediterráneo como parte del one belt one road
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Especial El Camino de los Héroes para Mundo Militar.


China avanza de manera inexorable hacia el Mediterráneo y nadie se lo impide, o mejor dicho, nadie se lo puede impedir. Especialmente desde que Estados Unidos renunció a la prerrogativa de liderar Occidente, hecho manifiesto con la retirada de sus tropas de Afganistán, no tanto (aunque también) por la retirada en sí, sino por el cómo se ha desarrollado.


Desde hace ya varios años, en cualquier foro que trate de conflictos actuales, geopolítica, etc. no se tarda en especificar, casi como dogma de Fe, que el nuevo eje de influencia y acción de los conflictos se trasladaría del Atlántico al Pacífico y de ahí al término que está tan de moda desde hace ¿una década? pero que no acaba de materializarse: Asia-Pacífico.


Últimamente, en un intento de analizar a golpe de inmediatez, muchos hablan ya de Indo-Pacífico, el término revive a colación del efecto noticioso del fiasco de Naval Group a propósito de un contrato fallido con Australia que involucraba la construcción de submarinos y que finalmente se ha rubricado de la mano de EE.UU y Reino Unido. Algo que ya es reiterativo en el mundo anglosajón en la época post Brexit. Tras la colisión de un Seawolf estadounidense en inmersión con un objeto desconocido en las proximidades del mar meridional de la China, volveremos, es muy probable, al Asia – Pacífico de partida.


En realidad, sobre el nuevo eje de influencia se lleva hablando desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el final de la IIGM no es Berlín, es Japón y la icónica imagen para el recuerdo de la firma del acta de rendición en el USS Missouri.


Pero después de Japón, vino Corea, Vietnam… Hubo tiempo para el despegue de la economía japonesa, Toyota por ejemplo, y su colonización en el mercado estadounidense. Hubo tiempo para su estancamiento, recesión, y de nuevo estabilización.


Las guerras indo-pakistanís tras la independencia conseguida del Reino Unido en 1947. Las dos Coreas, o la intervención de los soviéticos en Afganistán. A nada de todo esto se refieren los expertos analistas cuando hablan del eje de influencia Asia – Pacífico. Incluso hubo tiempo para ligeras distracciones por el camino ¿Se acuerdan de los BRIC? Los cuatro países más importantes en vías de desarrollo encargados de dar un vuelco al orden mundial, Brasil, Rusia, India y China.


No existe el área de influencia Asia – Pacífico, que recuerda (a algunos) cada vez que se nombra, a la teoría del punto gordo. Dicha teoría dice que dos rectas paralelas se cortan en un punto si éste es lo suficientemente gordo. Pues bien, nadie podrá negar que Asia y el Pacífico de ser puntos, son lo suficientemente gordos, entonces sí es una zona de influencia ¿Cómo no va a serlo Asia? ¿Cómo no va a serlo el Pacífico?


Tan sólo hay una realidad clara a todo este respecto, el nuevo orden mundial se decidirá de lo que resulte del enfrentamiento entre EE.UU y China, pero con un matiz crucial, las reglas de ese enfrentamiento las impondrá China. De hecho, ya las ha impuesto: un enfrentamiento irrestricto.


Desde que se originó la pandemia del COVID-19 (desde antes también), con independencia de que el origen haya sido provocado o no por China (la sospecha siempre estará ahí y hay motivos para sospechar) el tratamiento y manejo que China ha hecho de la misma ha sido un caso práctico de un modelo de enfrentamiento irrestricto, creciendo a todos los niveles cuando occidente colapsaba.


Nunca fue Asia – Pacífico. H. J. Mackinder dijo en 1904 que si una potencia consiguiera gobernar el espacio euroasiático, dominaría el mundo. Varias décadas después, Brzezinski, antiguo consejero del presidente estadounidense Bush padre dijo: “Eurasia sigue siendo el tablero sobre el que se desarrolla el combate por el control mundial”.  Siempre será Euroasia. Afganistán vuelve a constatar este hecho y de ahí el sobre nombre de tumba de imperios.


Localizaciones conocidas de las principales inversiones chinas

Localizaciones conocidas de las principales inversiones chinas


El Reino del Centro


Los indicios que vaticinaban a China a la conversión de la auténtica y única potencia regional de Asia están dando paso a una realidad aplastante.


Eric Teo Chu Cheow, secretario del Consejo del Instituto de asuntos Internacionales de Singapur (SIIA) en 2005 relacionaba el ascenso de Pekín en la política regional asiática con la época de la dinastía Ming y Quing donde el Reino del Centro fue el núcleo de un sistema económico, político y cultural en el que China ejercía su influencia en Asia. Dicho sistema se basaba en el comercio, respeto y estabilidad.


El entorno de seguridad que está fomentando China desde su acción exterior fundamentalmente, pero no únicamente, tiene mucho que ver con esta visión del Reino del Centro y desde luego con el «ascenso pacífico» de China como potencia hegemónica regional de Asia.


La convergencia entre el pasado histórico de China y el nuevo modelo del entorno de seguridad chino aplicado a la geopolítica actual asiática se fundamenta en tres puntos principales:


  • China como centro de la esfera de poder.
  • Entorno exterior y periferia estable.
  • Relajación de las tensiones con los vecinos periféricos.


Atendiendo a estos tres puntos la hoja de ruta está clara: ganarse el favor de los países asiáticos. El modo de hacerlo es convencerlos de que el «ascenso pacífico» de China, lejos de ser una amenaza para ellos, es una oportunidad de afianzar lazos de buena vecindad al tiempo que mantiene (y acrecienta) una sutil (cada vez menos) amenaza velada a EE.UU que lo aleja de la esfera de influencia de los países asiáticos tradicionalmente aliados.


China necesita estabilizar el territorio colindante para consolidar su crecimiento interior. Necesita asegurar los recursos naturales y (la próxima guerra mundial será por los recursos energéticos y las materias primas) y por ende controlar las rutas logísticas. De ahí y no sólo por eso, Afganistán o Myanmar.


China ha iniciado toda una política y acciones no del todo pacíficas para evitar quedar aislada o rodeada por EE.UU o su influencia. El estrecho de Malaca, Filipinas, Taiwán o Japón son ejemplos de esta política, sin perder de vista el asunto del Theatre Missile Defence.


La idea básica es, que al tiempo que China desarrolla una fuerte y consolidada red diplomática, buscando y consiguiendo acuerdos con los gobiernos de países periféricos mostrando magnanimidad con ellos, especialmente con los más pequeños, atrayéndolos para sí, busca a su vez alejarlos del área de influencia estadounidense.


Evidentemente la contraparte a todo este asunto viene de la mano de la política exterior de los diferentes gobiernos de EE.UU (errática en cuanto a China se refiere), especialmente con las iniciativas de los gobiernos de Obama y Trump y que por ahora mantiene también el presidente Biden, que además y paradójicamente se está convirtiendo en el principal valedor del American first de Donald Trump.

La política estadounidense de envío de tropas a zonas de conflicto tras la Guerra Fría tiene su momento cumbre durante la Guerra del Golfo de 1991. Después vendría Irak y Afganistán en 2001. El giro de esta política viene con el nuevo gobierno de Obama, dejándose llevar en gran parte por el clima antibelicista que las élites sociales dinamizaban (o sirviéndose de ellas), y dando un giro a la política internacional buscando el foco de atención en Asia, Asia-Pacífico, alimentando una burbuja que no se correspondía con la realidad.

Este giro se basaba en tres claves de interés:


  • Económico. Gran desarrollo de la economía asiática.
  • Geopolítico. El rápido ascenso de China como potencia regional.
  • La pretensión de instaurar un orden internacional liberal.


Teniendo en cuenta estas claves, Obama trazó su estrategia en políticas buenistas con China tolerando y dejando hacer a China, lo que a otros no, si con eso conseguía que China aceptase la presencia de EEUU en Asia y se acercaba a la idea de instaurar un orden liberal en la región.


Obama se alejó así de la política tradicional estadounidense de confrontación y amenaza con China. La justificación anterior como una política exterior errónea con respecto a China la podemos complementar con los siguientes puntos:


  • Visión optimista de que China aceptaría compartir con EEUU la visión de un orden mundial liberal.
  • La aparente necesidad de que EE.UU necesitaba ir de la mano de China para impulsar la agenda internacional.
  • Obama se resistió (pese a los consejos que le daban) de utilizar medidas de represalia económicas frente a China.
  • Los países del sudeste asiático aprovecharon la competitividad entre China y EEUU para mejorar su prosperidad, fortaleciéndose económicamente con China y buscando protección con EEUU.
  • La utilización de agentes paramilitares por parte de China y las políticas de hechos consumados hacen difícil la utilización de la Fuerza de EE.UU de manera directa.
  • El mismo gobierno de Obama tenía opiniones enfrentadas respecto a las políticas a llevar en Asia.

Esta política confusa de EE.UU con China prosiguió su camino con Donald Trump, que por primera vez desde EE.UU se dijo:

“[…] que todos los chinos de ambos lados del estrecho de Taiwán sostienen que solo hay una China y que Taiwan es parte de China”.

EEUU ha renunciado a liderar la política internacional. Ha renunciado a la prerrogativa que lo sustentaba como primera potencia. Con esa renuncia, China es la llamada a ocupar ese puesto, con lo que ello implica, un cambio en el modelo y una pérdida, que puede ser acelerada, de la legitimidad de un orden mundial liberal en pro de esa nueva vieja idea del Reino del Centro.


Las libertades que occidente se vanagloriaba de ensalzar están mermadas, y de hecho lo están por una nueva manera de enfrentar la realidad de las cosas. Una realidad irrestricta impuesta por China y un EE.UU que ha abdicado de la responsabilidad de liderar a occidente buscando refugio intramuros, en el American first, bien provenga esta voz de Trump o de Biden.


Los nuevos líderes asiáticos, como el surcoreano Moon Jae-in, no traen consigo la dura carga de las emociones y pleitesías originarias de la IIGM, viendo el ascenso pacífico de China como una oportunidad de crecimiento económico y estabilidad.


Se percibe China como ente estabilizador en Asia, que junto a las políticas confusas de EE.UU, están provocando, cada vez más, un sentimiento regional asiático, un nacionalismo asiático que hace disminuir la influencia americana en el continente asiático.


Todo ello ha servido para que China se diese cuenta de la debilidad manifiesta de EE.UU en Asia y como último ejemplo de ello la apresurada retirada de EE.UU de Afganistán, mientras se perfila una más que evidente alianza o pacto de no agresión entre China, Rusia e Irán con el reciente gobierno Talibán si es que prospera.

China todavía no ha ganado nada y aún está lejos de la influencia total en Asia. Sus presuntos aliados en Afganistán no son necesariamente sus aliados preferentes y EE.UU aunque tocado, no está ni mucho menos hundido.


De aquel punto anterior, sobre la estabilidad periférica que busca China para imponer su Reino del Centro, se encuentra Afganistán. Vendido a la opinión pública como una victoria del eje Pekín – Moscú – Teherán sobre EE.UU y sus aliados.


La alianza con Irán en el aspecto afgano es lógica. Las exrepúblicas soviéticas centroasiáticas, los denominados “-stan” ven en el país persa la cercanía de los lazos culturales, y una manera de independizarse, dentro de lo posible, del control económico de Moscú, así como una salida al mar que dinamice el comercio.

En lo referente a tropas internacionales en la zona, Irán asegura la no presencia de Fuerzas Armadas foráneas que no pertenezcan a los países ribereños del mar Caspio (según el tratado regulador del miso), manteniendo libre así su frontera norte de tropas de la OTAN.

La “no presencia en el mar Caspio de Fuerzas Armadas que no pertenezcan a las partes”.

Irán desarrolla una política exterior y económica compleja y pragmática para evitar lo máximo posible las penalidades de las sanciones internacionales, que no le incapacita para asentar una alianza con China consiguiendo inversiones e infraestructuras, además de ser paso principal en el transporte de mercancías en la política china del one belt on road, y por otro lado mantiene un doble juego con la India, recibiendo 150 millones de dólares para el corredor indio de Chabahar que uniría en una red de transporte Irán-Afganistán-India.


China e Irán comparten como objetivo común la estabilización de Afganistán para garantizar la seguridad de la zona, generar un ambiente de confianza y ser influyentes en la región.


Mientras haya un enemigo común, Rusia será aliada de China. Afganistán es una pieza más en el puzle chino en su avance hacia el Mediterráneo. Rusia garantiza la salida al Mediterráneo con Siria y un potencial apoyo en el Mediterráneo y en el norte de África.


Para Rusia la alianza con China en Afganistán supone:


  • Aseguramiento de cierta dependencia de las exrepúblicas soviéticas en el área de influencia de Moscú.
  • Un potencial aliado en el Mediterráneo frente a Europa.
  • Aunar esfuerzos frente a un enemigo común.
  • Ventaja y posición de fuerza en la ruta de transporte por el Ártico.


No obstante, la situación de Rusia con China también es compleja. En cuanto al Mediterráneo, con respecto a Europa puede resultarle beneficioso hasta cierto punto, no lo es tanto en el norte de África donde puede perder influencia incluso tener intereses encontrados. La política china de one belt, one road, puede afectar a Rusia de manera muy acusada al transporte energético, prácticamente monopolizado por Rusia en Europa.

Una última cuestión es la paradoja de que a Rusia no le interesa que EE.UU deje de tener influencia en Asia. En cierto modo, el statu quo modelado tras la IIGM en el sudeste asiático principalmente, beneficia en este punto a Rusia más que a China y mientras China esté preocupada en Afganistán, Myanmar y en su pugna con EE.UU, Rusia mantendrá la estabilidad en una Siberia rusa con una población china que no para de crecer.


Principales proveedores comerciales de los pau00edses del Mediterru00e1neo

Principales proveedores comerciales de los países del Mediterráneo


La Ruta de la Seda


En 2014 China anunció la iniciativa One belt, one road, más conocida como la nueva ruta de la seda para potenciar los lazos culturales y comerciales entre Asia y Europa, eufemismo que significa China en Europa y el interés de China por el Mediterráneo.


La nueva ruta de la seda, apela, como su propio nombre indica a la clásica ruta que siglos atrás unía Europa con China por Asia Central.


La nueva ruta de la seda, lejos de ser una iniciativa puramente comercial, encierra en sí misma la correlación de intereses geopolíticos y la extensión de la influencia de China en todo el mundo, posicionándose en enclaves estratégicos (no necesariamente actuales, sino estratégicos en un futuro).


África ya es China y la consolidación de la nueva ruta de la seda por Asia Central pasa por ganar el Mediterráneo.


Afganistán es una de las piezas del puzle chino hacia la hegemonía del Mediterráneo ¿Qué le puede ofrecer Afganistán a China?


  • Un compromiso con el gobierno talibán de no atentar en territorio chino, manteniendo a raya especialmente a los radicales de la etnia uigur, musulmanes identificados más con los países de Asia Central que con China.
  • Acceso a los posibles recursos energéticos y materias primas que pudiera tener Afganistán por explotar (cobre, litio y tierras raras, principalmente).
  • Garantizar la estabilidad de la región para asegurar una ruta de la seda pacífica.

China por su parte:

  • Apoyo diplomático. Especialmente en Naciones Unidas con su capacidad de veto.
  • Apoyo económico.
  • Mediación e influencia con Pakistán.
  • Seguridad.
  • Políticas y medidas de construcción de infraestructuras (a cambio de la explotación de recursos).
  • Medidas anticovid.


La clave de China en su conquista de terreno hacia el Mediterráneo está en el triunfo en Afganistán y aún no lo tiene todo consigo a este respecto. La alianza Pekín-Moscú-Teherán es una alianza de conveniencia y no natural frente a un enemigo común.


A China le interesaba la salida de EE.UU de Afganistán, no tanto por la liberación de Afganistán, sino más bien por demostrar la debilidad americana como mensaje directo a Taiwán. Es más, a China el enclave solo le interesa si se mantiene la estabilidad y un gobierno talibán afín y pacífico para sus intereses.


China contaba para sus planes con un país razonablemente estable tras la salida de los americanos y sus aliados de Afganistán, la paciencia estratégica tan característica del gobierno chino, en este caso falló, lo que implica ahora esfuerzos en desplegar toda la maquinaria política y diplomática para que el gobierno talibán sea un gobierno estable. Involucrarse en Afganistán sin garantizar un gobierno estable, es un error que puede costarle caro.


Una vez garantizada la estabilidad en Afganistán, a China solo le quedaría Irak para su conquista del Mediterráneo, si asumimos que Siria (Rusia de facto) no es problema.


Con la llegada al Mediterráneo por tierra, China tiene el control de todas las rutas comerciales con Europa sin que Europa pueda imponer su voluntad.


Desde un punto de vista comercial, fundamental para un comportamiento irrestricto de cualquier futuro conflicto, 19 de los 23 países de la cuenca Mediterránea estudiados tienen a China como uno de sus principales proveedores. Son datos del Ministerio de Exterior de 2019. Tras la pandemia, las cifras seguramente sean más reveladoras (especialmente llamativos los datos de Irak y Arabia Saudí).


África es ya China. Decíamos en un artículo anterior que el 70% de las tierras cultivables y que no se cultivan en África están en posesión de China, controlando ya más de cinco millones de hectáreas de terreno cultivable en África y toda su producción se dedica a ser exportada a China. A cambio, una fuerte inversión en infraestructuras.


Con toda seguridad en esta década, si no en los próximos cinco años, se podrá cruzar el Ártico en época estival sin necesidad de usar rompehielos. Casualmente China, que no tiene frontera directa con el Polo Norte, consiguió una silla como miembro observador en el Consejo del Ártico en 2013. El objetivo: la nueva ruta de la seda polar y seguramente algo más.


China mantiene que no tiene reivindicaciones territoriales directas sobre el Ártico, pero sí defiende enérgicamente su derecho de tránsito, pudiendo reducir así, el tiempo en el transporte de mercancías con Europa de manera considerable.


Con el control de las cosechas en África, la ruta de la seda polar y la política del one belt, one road llevada hasta el Mediterráneo, China controlará todas las rutas comerciales euroasiáticas, por no decir nada del control de emisión de deuda de los países europeos y de EE.UU.


Consideraciones finales


¿Puede haber sido un cebo de EE.UU la retirada de tropas para inmiscuir a China en Afganistán, dar apariencia de debilidad, desestabilizar la zona y convertirlo en el avispero que fue primero para el imperio británico, para los soviéticos después y para los americanos hasta ahora, y así poder concentrarse verdaderamente y por fin en Asia-Pacífico?


No parece que sea el caso. Los errores cometidos delatan una falta de estrategia o al menos una estrategia poco elaborada. Algunos de los fallos cometidos, principalmente en la retirada de Afganistán se pueden resumir en los siguientes puntos:


  • La decisión de retirarse en verano en lugar de en invierno.
  • Retirar las tropas de la base de Bagram, manteniendo todavía la embajada de Kabul funcionando.
  • Infravalorar la respuesta talibán.
  • No prever la toma del aeropuerto de Kabul por los talibanes antes de completar la evacuación.
  • La facilidad afgana en el cambio de lealtades.


Lo más evidente es que desde la llegada de Obama a la Casa Blanca hasta ahora, el cambio de política exterior, en lo que se refiere a China y al despliegue de grandes contingentes estuvo marcado por graves defectos de forma.


En el caso concreto de Afganistán, la preocupación excesiva de cómo salir de ahí manteniendo cierta dignidad más que el de atender a los compromisos adquiridos, provocó decisiones y acciones erróneas, incluso hasta el punto de ser alguna de ellas deliberada (perdiendo además la dignidad como suele ocurrir en estos casos).

La decisión de poner fecha a la retirada, entender la actitud de los talibanes como templada a este respecto, o la estrategia de dividir las fuerzas afganas y destinarlas en poblaciones alejadas entre ellas con infraestructuras deficientes, fue del todo irresponsable. Se perdió la ventaja de la mayoría en los grandes núcleos de población. Eso fue  lo que motivó la toma, tan rápida, de los principales núcleos de población del país.


No elegir la fecha de retirada en invierno, cuando la acción talibán es menor, fue claramente un error. La infravaloración de las capacidades de los talibanes, otro que se acumula. Peor todavía los informes que decían que las tropas afganas destinadas al aseguramiento del país estaban razonablemente preparadas para tal fin, una falsedad sabida y mantenida hasta el final.


EE.UU, se ha desentendido de Libia, Siria, ahora Afganistán, con la justificación siempre de concentrarse en el eje Asia-Pacífico para hacer frente a China, cuando China está claramente buscando salida al mar en el Mediterráneo.


Sí es cierto que el nuevo paradigma de la guerra actual, transición hacia modelos futuros, trae consigo un cambio en el modelo de enfrentamiento, precisamente por el cambio en las armas principales. De los bombarderos a los proyectiles y misiles guiados. El concepto de bases y tropas desplegados por medio mundo que aún mantiene EE.UU, necesita al menos, una reconsideración para un encaje futuro, si es que lo tiene.

No hemos dicho nada todavía de Turquía y Arabia Saudí, pero continúan intentando boicotear acercamientos entre los estados centrales de Asia e Irán. El papel de Turquía en un Mediterráneo Oriental, cada vez más caliente, puede ser determinante. Puede ocurrir un posicionamiento del lado europeo o, tal vez, se acerque a China provocando que ésta se aleje de Rusia. En cualquier caso, la decisión final responderá únicamente a los intereses propios de Turquía.


Decíamos que China aún no ha ganado nada. La India y Japón aún son fuertes reductos de oposición a China, por sus conflictos históricos y por su proximidad todavía a EE.UU, así como Australia, que se perfila como bastión occidental en el Pacífico. Hay que añadir a Rusia, que será aliada de China mientras haya un enemigo común que combatir. Si EE.UU pierde su total influencia en Asia, Rusia pasará a ser el próximo objetivo de China (ya lo está siendo en según qué aspectos).


La retirada de EE.UU de Afganistán y la de sus aliados marca un nuevo derrumbamiento en los muros del imperio de occidente. Estamos de lleno en el inicio del principio del final de Occidente como referencia mundial.


El inicio del principio del fin. Recordemos como empezábamos el año. El seis de enero de 2021, una horda de bárbaros, incluso literalmente vestidos como tal, asaltaron el capitolio estadounidense, residencia de la soberanía popular de la primera potencia del mundo y líder de occidente hasta ahora. Incitados por las bravuconadas del presidente saliente y espoleados por las sospechas de tergiversación electoral, la democracia estadounidense fue cuestionada desde su misma sede soberana.


China busca el Mediterráneo para controlar Europa. Siempre buscó eso. Hasta ahora marcaba posiciones, pero ya ha entrado de lleno en acción. China, Afganistán, Pakistán, Irán, y Siria, forman un corredor suficientemente amplio para que China pueda salir al Mediterráneo. Entre medias:Iraq ¿Será el siguiente avispero, otra vez?


Echemos una mirada al otro lado, el Pacífico ¿Está EE.UU en disposición de aceptar un enfrentamiento directo con China? La respuesta es rotunda: no.


Juguemos a fantasear. Una acción hostil entre China y EE.UU por una hipotética reacción en cadena. Unas maniobras militares llevadas demasiado lejos, bien en el tradicional tablero de las dos Coreas, o bien Japón, Taiwán o por intereses en el mar meridional de China. La mera posibilidad de que EE.UU pueda tener bajas, o que pueda ser hundido algún destructor de la flota del Pacífico, sin importar el número de bajas que pueda causar EE.UU a China, coloca a EE.UU en una posición de debilidad. Especialmente porque recordemos que las normas de enfrentamiento las impondrá China.


Ahora bien, de haber un enfrentamiento directo EE.UU – China por iniciativa estadounidense, debería serlo ahora, momento en que EEUU se ha liberado de Afganistán y China está incorporada de lleno en el barro afgano.


China ha sido capaz de competir con EE.UU por el orden mundial. Lo ha hecho rechazando los principios de la Democracia Liberal Representativa y la economía de libre mercado. Occidente, mientras tanto, se debate en crisis porque su líder, EE.UU, se ha desentendido de su mandato imperial.


Así que si se quiere, aceptamos la teoría del punto gordo, la de Asia – Pacífico, pero asumiendo que gran parte del juego se está librando, y se librará en el Mediterráneo.


Documentos consultados


[1] PASTOR GÓMEZ, Juan Carlos, El interés hacia Asia Central en la política exterior iraní: la geopolítica del Caspio y los retos de futuro en la región. Documento de Opinión IEEE 105/2021.

https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2021/DIEEEO105_2021_JUAPAS_Asia.pdf (Visto  3/10/2021)

[2] HIDALGO GARCÍA, Mar. Afganistán y Myanmar: similitudes de dos vecinos estratégicos de China. Documento de Análisis IEEE 33/2021.

https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2021/DIEEEA33_2021_MARHID_Afganistan.pdf (Visto 5/10/2021)

[3] CHU CHEW, Eric Teo. El «equilibrio» de influencias China-EE.UU en Asia. Anuario Asia-Pacífico, Barcelona Centre for International Affairs. 12/05.

https://www.cidob.org/es/articulos/anuario_asia_pacifico/el_equilibrio_de_influencias_china_eeuu_en_asia (Visto 10/2021)

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