Clausewitz en un conflicto asimétrico (1)
Análisis

Clausewitz en un conflicto asimétrico (1)

¿Dónde está Clausewitz en la actualidad del conflicto?
El Ejército español adquiere un lote de 25 ametralladoras MG5 a H&K
|

(Especial 'El camino de los héroes' para infodefensa.com) ¿Podemos encontrar a Clausewitz en los modelos de guerra moderna que rigen actualmente? Intentaremos poner de relevancia las similitudes y diferencias de las ideas proyectadas por Clausewitz en su célebre obra De la Guerra, derivadas de su experiencia en las guerras francoprusianas y transmitidas en dicha obra como manual especialmente académico orientado a la enseñanza, con el modelo actual de guerra asimétrica.

Entendiendo el fenómeno de la guerra como un acto social de carácter violento, éste ha ido evolucionando a lo largo de la historia acompasado por los hitos que la sociedad iba conquistando para sí. La innovación, la tecnología, los modelos de las relaciones sociales, la globalización… En definitiva, la guerra ha ido evolucionando acorde a los tiempos.

La guerra solía ser una actividad que se desarrollaba en un entorno estable. Los cambios eran lentos, la tecnología probada y estable con una evolución constante. La normativa duraba por muchos años y las misiones y los cometidos, incluso los conflictos estaban bien definidos.

Las guerras napoleónicas acabaron con las guerras limitadas y llevaron a las sociedades de aquella época a un nuevo modelo, la guerra total. Hoy, la incertidumbre y el cambio son las características de un presente dinámico y globalizado llevando al enfrentamiento a adversarios tan dispares que hacen que jueguen a un mismo juego, pero con diferentes reglas con una complejidad añadida, este nuevo modelo de enfrentamiento no invalida ningún otro de carácter convencional pudiéndose incluso dar de manera simultánea.

La guerra limitada es uno de los más eminentes logros del siglo XVIII. Pertenece a una clase de plantas de invernadero que pueden prosperar solamente en una civilización aristocrática y cualitativa. Ya no somos capaces de ello. Es una de las buenas cosas que perdimos como resultado de la Revolución Francesa. (Gugleilmo Ferrero).

Muchas teorías célebres sobre la guerra siguen manteniendo su interés a lo largo del tiempo y, si no todas en su totalidad, la mayoría de manera parcial, siguen teniendo validez según en qué circunstancias de la guerra moderna. El arte de la guerra de Sun-Tzu, El príncipe de Maquiavelo, o la que ocupa este análisis De la Guerra de von Clausewitz.

Para determinar si es posible encontrarnos con Clausewitz en un conflicto asimétrico, haremos un repaso de su obra, pero centrándonos principalmente en:

  • Libro I: Sobre la naturaleza de la guerra.
  • Libro II: Sobre la teoría de la guerra.
  • Libro VIII: Plan de una guerra

Clausewitz y la guerra

La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad.

En el libro primero Sobre la naturaleza de la guerra, Clausewitz se pregunta ¿En qué consiste la guerra? y la identifica como un medio para alcanzar un fin. Un objetivo que no es otra cosa que la imposición de nuestra voluntad frente al enemigo.

Imponer la voluntad significa someter al contrario y para ello se debe colocar al enemigo en una tesitura más desventajosa que la que supone el sacrificio que se le exige, no sólo eso, sino que, además, esta situación no debe ser transitoria pues de serlo, el enemigo esperará para actuar en el momento que le sea favorable. La aplicación más directa de lo que supone esta reflexión de Clausewitz se materializa en el desarme del enemigo o bien disuadirlo de cualquier acción hasta el punto de que se sienta amenazado por la posibilidad del hecho que tiene mucho más que perder si intenta cualquier acción.

La guerra, para Clausewitz, es un fenómeno social, una relación entre seres humanos que se lleva a cabo de manera violenta y como tal relación social se circunscribe a las convenciones propias de la época concreta en la que se desarrolla. Esto ocurre bajo unas circunstancias específicas y con unos actores determinados que estarán influenciados por el contexto social y temporal del momento que les ha tocado vivir. Se quiere decir con esto, que la disposición resultante de una guerra no es absoluta y los derrotados siempre la verán como un mal transitorio cuyos efectos cambiarán cuando las circunstancias específicas que originó el conflicto cambien.

La guerra surge de una circunstancia política, pero “no constituye simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de ésta por otros medios” y por tanto ejercerá una influencia continua sobre ella. Es decir, el objetivo es el propósito político, la guerra es el medio de conseguirlo.

No constituye simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de ésta por otros medios.

En resumen, para Clausewitz la guerra supone la imposición de voluntades, que se desarrolla en un entorno social cambiante y que es el medio para conseguir un fin político, pero ¿qué se necesita para iniciar una guerra? el germen incendiario son dos puntos muy esquemáticos:

  • Sentimiento hostil.
  • Intención hostil.

El sentimiento hostil se circunscribe al entorno cambiante, a la relación social que se comentaba en párrafos anteriores y la intención a la voluntad política.

En el capítulo tercero del libro primero (El genio para la guerra) suele pasar desapercibido, pues no es lo fundamental de dicho capítulo, pero que sin embargo guarda una tremenda relación con lo que aquí tratamos de explicar y es el apunte que hace Clausewitz sobre la manera de guerrear de los pueblos bárbaros y civilizados. En este sentido aborda el aspecto de la movilización de efectivos. Entre las sociedades civilizadas es muy probable que dichos efectivos no cuenten necesariamente con un espíritu guerrero elevado, pues habrá ocasiones que hayan sido movilizados por necesidad, atendiendo, por ejemplo, antes a la urgencia de juntar un número importante de soldados que a las virtudes militares de los mismos, mientras que para el pueblo bárbaro ese sentimiento guerrero es consubstancial al individuo. Veremos esto más adelante.

El desarrollo de la guerra y la ley de probabilidades

Al final, el desarrollo de la guerra y muchas veces su resultado depende de los pequeños detalles, de acciones fortuitas que hacen que la balanza se incline a favor de alguno de los adversarios cuando tal cosa parecía lo contrario. Para Clausewitz, la guerra depende en gran medida de la ley de probabilidades, aspecto también muy interesante para la premisa que estamos desarrollando.

Solo hay dos tipos de planes de campaña, los buenos y los malos. Los buenos fracasan casi siempre debido a las circunstancias imprevistas, que a menudo proporcionan el éxito a los malos. (Napoleón).

De la lectura de este capítulo, del primer libro en general, se desprende la visión clausewitziana que, si el resultado final de la guerra depende en su mayoría de una cuestión de probabilidad, el objetivo político como causa original de la guerra, que no depende de probabilidades, debe jugar el papel de factor esencial en este proceso. Esto es fundamental para entender, por ejemplo, cómo las grandes coaliciones occidentales suelen perder, o por lo menos no obtener una victoria clara en los conflictos asimétricos. El papel político en la acción de un conflicto asimétrico juega un papel preponderante.

Clausewitz, a propósito de la ley de las probabilidades, desarrolla la teoría de polaridad. Juega con términos que en principio deberían sonar como opuestos, pero que a veces no lo son. En relación a esto, desarrolla un aspecto que merece la pena traer a colación.

Pero la acción militar adopta dos formas distintas, la de ataque y la de defensa, que son muy diferentes y de fuerza desigual, como mostraremos más adelante con detalle. La polaridad reside, pues, en que ambos bandos guardan una relación, como es la decisión, pero no en el ataque o en la defensa mismos. Si uno de los comandantes en jefe deseara posponer la decisión, el otro debería desear acelerarla, pero, por supuesto, solamente en la misma forma de conflicto. Si a A le interesara no atacar a su oponente inmediatamente, sino cuatro semanas más tarde, el interés de B se centraría en ser atacado inmediatamente y no cuatro semanas más tarde. Se trata de una oposición directa; pero no se desprende necesariamente de ello que a B le beneficie atacar a A de inmediato. Evidentemente, es algo muy distinto.

Es interesante la literalidad de este fragmento. En primer lugar, transmite la idea de unas mismas reglas de juego para un mismo conflicto, de lo que se entiende que hay diferentes modelos de conflicto y diferentes reglas de enfrentamiento. Por otro lado, recuerda, además de a los elementos encontrados u opuestos, al dicho afgano sobre el tiempo y que tiene que ver con la última intervención de los aliados en Afganistán y que dice algo así como que: ellos (los occidentales) tienen los relojes, pero nosotros (los afganos) tenemos el tiempo.

Un aspecto interesante que tiene que ver con las probabilidades, desde el punto de vista de Clausewitz, muy relacionado con la realidad de los conflictos asimétricos, son los motivos subyacentes para firmar la paz:

  • Lo aleatorio que puede resultar el éxito en la guerra.
  • El excesivo precio que hay que pagar por ella.

Es por estos motivos por lo que no siempre es necesario luchar hasta que uno de los bandos sea derrotado. Cuando las motivaciones y las tensiones son débiles una ligera probabilidad, es suficiente para hacer que el bando en desventaja ceda de sus propósitos. ¿A qué se refiere Clausewitz con una ligera probabilidad? bien puede ser una pequeña victoria que sea susceptible de quebrantar el ánimo al enemigo y crearle un sentimiento de inseguridad haciéndole percibir nuestra superioridad. Puede ser la conquista parcial de territorio, realizar acciones tendentes a desbaratar los planes del enemigo, ampliar una alianza, o estimular acciones políticas favorables.

De todas las acciones anteriores, la que más interesa para el análisis de nuestra premisa es la que Clausewitz desarrolla atendiendo a la voluntad de unos y el desaliento de otros, la de que las victorias del enemigo sean más costosas de lo que están dispuestos a permitirse, es decir, influir en el desgaste del enemigo.

La idea de desgaste en una lucha implica un agotamiento gradual del poder físico y de la voluntad del adversario por la prolongada continuidad de acción.

Táctica y estrategia

En su libro Sobre la teoría de la guerra, Clausewitz diferencia entre táctica y estrategia. Así pues, la táctica constituye la enseñanza del uso de las Fuerzas Armadas en los encuentros y la estrategia la del uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra.

El objetivo político será la causa original de la guerra. Cuanto menor sea el objetivo político o menor valor le queramos dar, tanto menor serán los recursos militares que destinaremos a la consecución de ese objetivo. Aunque el objetivo político es un factor determinante en el desarrollo de la guerra, ésta no es un asunto que se resuelva entre políticos sino entre los que luchan, los que la llevan a término, son los militares y por lo tanto los fines de la guerra no se pueden confundir con los objetivos políticos. «La política constituye la matriz en que se desarrolla la guerra».

El general Patton decía a este respecto: "Las guerras deben lucharse con las armas, pero son ganadas por los hombres. Es el espíritu de los hombres que obedecen y el hombre que les manda lo que consigue la victoria".

Volviendo a Clausewitz. Gran parte del arte de la guerra lo identifica con los diferentes usos, combinaciones y divisiones entre estrategia y táctica e incide en el error que se comete al atribuir las combinaciones estratégicas a un poder independiente de los resultados tácticos. Traducir todo esto en un conflicto asimétrico es mucho más complejo, entre otras cosas porque el plano táctico y estratégico, especialmente en conflictos híbridos o irrestrictos suele estar superpuesto o difuso el uno con el otro.

Insiste en que la teoría de la guerra ha de ser siempre una consideración y no una regla para la acción. Indica en este punto que hay que adaptarse a las circunstancias y aplicar lo aprendido a la realidad del conflicto particular y no aferrarse a un plan idealizado en despachos. En la guerra, los medios son las fuerzas armadas y el fin último en la batalla es la victoria.

A veces, los fines tácticos son los medios en el concepto estratégico. Así pues, Clausewitz explica, que la victoria es el fin último en la batalla, y éste es un fin táctico, mientras que la victoria en una batalla es un medio para conseguir el fin estratégico que es la paz.

Recomendamos

Lo más visto